Al estilo de esas prácticas oligopolísticas con que nos obsequiaron las operadoras españolas hace años, descubrimos ahora como varios de los gigantes tecnológicos mundiales han estado haciendo la puñeta a sus trabajadores a fin de no dejarles volar a otras empresas con mejores condiciones.

A continuación, lo que parece el argumento de la típica película de Hollywood repleta de conspiraciones y tácticas ilegales.

En Mayo, empleados de Adobe, Apple, Google, Intel, Intuit, Lucasfilm y Pixar demandaron a sus empresas, argumentando tácticas conspiratorias para mantener los salarios en sus niveles actuales de forma artificial.

Parece que el asunto ya se olía de lejos, y durante 2010 el Departamento de Justicia ya estuvo investigando el caso, que ahora arroja una primera salva de informaciones filtradas. Parece que las compañías implicadas pactaron no robarse empleados entre ellas. Además, dentro del pacto se incluía avisarse en caso de detectar un empleado que estuviera en negociaciones para cambiar de empresa. Todo ello, por supuesto, sin conocimiento (ni, por tanto, consentimiento) del trabajador implicado.

Estas primeras investigaciones ya arrojaron unos informes preocupantes:

> La demanda alega que la conspiración entre compañías consistía en (1) acuerdos para no contratar activamente trabajadores de las otras compañías ; (2) acuerdos para informar cuando se hiciera una oferta a un trabajados de otra compañía (sin el conocimiento o consentimiento del trabajador); y (3) acuerdos para limitar a la oferta inicial los salarios ofrecidos a posibles empleados

Esta última parte me parece realmente de juzgado de guardia, ya que imposibilitaban a nuevos posibles trabajadores conseguir una remuneración proporcional a sus aptitudes, en caso de tratarse de un trabajador brillante solicitado por varias empresas.

Por supuesto, donde no ha habido ningún tipo de tope ni conspiración ni traba, es a la hora de que estas empresas hayan ido aumentado sus beneficios de forma exponencial durante los últimos años. Como siempre, las grandes corporaciones no dejan de lucrarse, sin ninguna consideración por el empleado de a pie.

Desde mi humilde posición de redactor, simplemente desear que todo el peso de la ley caiga sobre quien se lo merece, con sanciones lo suficientemente fuertes como para evitar que vuelva a suceder en el futuro.